INTERRAIL: BUDAPEST, FLORENCIA Y NIZA

Buenas tardes viajer@s, aquí os traigo el desenlace de la aventura:

DÍA 11 BUDAPEST

El undécimo día del viaje llegamos por la mañana a Budapest después de haber estado toda la noche durmiendo en un compartimento junto a dos pasajeros más.

En la misma estación, cambiamos de moneda, compramos algo para desayunar en un supermercado e intentamos ubicarnos, puesto que no teníamos ningún mapa.

Finalmente, cogimos el metro en dirección a nuestro albergue, el cual estaba situado super céntrico y al llegar al edificio nos dimos cuenta que esta vez, el establecimiento escogido, dejaba mucho que desear: se trataba de un pequeño piso muy viejo y un poco sucio. Pese a que nos desagradó, nos instalamos y salimos a dar una vuelta por los alrededores. Paseamos por el centro y vimos el río desde donde pudimos admirar el castillo de Budapest y el Parlamento.

Hacía mucha calor así que después de situarnos, nos encontramos con un restaurante con muy buena pinta donde comimos muy bien aunque era un poco caro. Tras la comilona, estábamos cansadísimas así que volvimos al albergue y nos echamos una siesta de, por lo menos, tres horas. Al despertarnos, nos duchamos, nos arreglamos y fuimos a visitar el castillo a eso de las seis de la tarde.

Por el camino, nos encontramos con un stand que regalaban agua, así que cogimos toda la que pudimos y después de beber comenzamos con una guerra de agua en la calle más turística de Budapest. Cuando finalmente llegamos al castillo a través del puente de las Cadenas,  pasamos allí el resto de la tarde, admirando las bonitas vistas que ofrecen las ciudades de Buda y Pest, tomando fotos y haciendo tonterías.

Por la noche cenamos un Hot Dog en la plaza donde estaba situado el albergue que, curiosamente, era una plaza con mucho ambiente, con mucha música y muchos jóvenes bailando y bebiendo. Así pues, decidimos integrarnos en el paisaje y nos tomamos una cerveza disfrutando de la noche. Cuando nos cansamos nos fuimos a dormir al albergue.

En el castillo de Budapest
Atravesando el puente de las Cadenas

Ya con el pijama puesto y acostadas en la cama, comenzaron a aparecer bichos en la cama de Bet y Elena, que dormían al lado de la ventana y estas dos se alarmaron. Mara y yo, que dormíamos en una litera alejada de la ventana, no les hicimos caso y seguimos durmiendo mientras las otras dos cogieron una silla y se fueron al pasillo. Recuerdo que me desperté y las vi con el móvil enzarzadas buscando por internet qué bicho era el que se encontraba en sus camas. Yo me reí y me volví a dormir.

Pero el karma me la devolvió y mientras estaba durmiendo noté un cosquilleo por la pierna…abrí un ojo y descubrí un bicho asqueroso subiéndome por la extremidad. Ya os podéis imaginar el salto que pegué que yo estaba en la litera de arriba y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en el pasillo junto a mis amigas. No tuve más remedio que darles la razón en cuanto a los bichos y finalmente encontramos una imagen de un bicho por internet que era muy similar a los que estaban durmiendo con nosotras: CHINCHES

 

Lo siento, es para que os hagáis una idea

Desesperadas, avisamos a los demás ocupantes de la habitación (puesto que era una habitación de 8 personas ) y cuando estos levantaron las sábanas y las almohadas se dieron cuenta que ellos tampoco estaban durmiendo solos. Así que los ocho de la habitación nos despertamos y fuimos a avisar al dueño del albergue el cual se hizo el “longui” pero nos devolvió el dinero.

En 10 minutos recogimos todas nuestras cosas y nos fuimos a la calle sobre la una de la madrugada sin un lugar donde dormir. Teníamos mucho sueño y no sabíamos que hacer a esas horas en una ciudad que apenas conocíamos así que empezamos a buscar otro albergue a ver si nos aceptaban a esas horas, pero somos así de gafes y justo esos días se celebraba el Sziget Festival en la capital así que todo estaba a petar y ningún albergue tenía camas libres.

Una hora más tarde, se nos fue la olla, y empezamos a entrar en hoteles de 4* y 5* dispuestas a vender un riñón para poder dormir a gusto. El problema era que los recepcionistas al vernos con las pintas se reían y nos decían que no, que no había sitio. Sobre las 4 de la madrugada nos rendimos y volvimos al albergue de los chinches donde nos sentamos en los sillones de la recepción. Hablamos con nuestra familia y desde España nos buscaron un apartamento para dormir la noche siguiente.

Yo dormí un poquito allí pero mis amigas no pegaron ojo. Sobre las 6 o así de la madrugada ya estábamos agobiadas y sin saber que hacer, así que tuve una idea: como queríamos ir a un balneario (que son muy típicos de Hungría) y estos abren a las 7 de la mañana, podíamos ir cuando lo abrieran y así se nos haría todo más ameno. Como a las demás les gustó mi propuesta pusimos rumbo al balneario, que no sabíamos donde estaba así que nos perdimos y tardamos como una hora en llegar.

Super felices tras toda la noche sin cama de camino al balneario

DÍA 12 BUDAPEST

Llegamos al Balneario Rudas (que están considerados uno de los baños turcos más bonitos del mundo) sobre las 7.30- 8 de la mañana. Nos sorprendió ver que el balneario estaba bastante transitado a esas horas y la edad media no bajaba de los 70 años. Nos sentimos un poco observadas puesto que además, somos unas escandalosas e íbamos grabando con la GoPro hasta que nos llamaron la atención.

Hubo un periodo de tiempo, que de lo agotadas que estábamos nos quedamos dormidas en la piscina, literalmente. Fue muy agobiante ya que nos pesaban los ojos así que cuando nos dimos cuenta que con el SPA nos estaba entrando aún más sueño, nos fuimos. Al salir, desayunamos y fuimos para el apartamento cuyo check-in era a las 12.

Estuvimos mucho rato para encontrar la ubicación puesto que en el mapa que teníamos no salían todas las calles y no podíamos utilizar el Google Maps porque no teníamos Wi-Fi. Al final, tras mucho caminar con las mochilas en la espalda, encontramos el sitio y nos quedamos dos horas en la puerta tumbadas hasta que llegaron las 12. No hay mucho más que contar porque, solo entrar al apartamento nos echamos a dormir hasta por la noche. A las 21 o así nos despertamos y fuimos a comprar la cena a un supermercado, cenamos tranquilamente, nos duchamos y nos fuimos a dormir.

Durmiendo en la calle esperando para entrar en el apartamento
Después de un día durmiendo, cenamos en el apartamento

DÍA 12 BUDAPEST- FLORENCIA

Al despertarnos nos dimos cuenta que había llovido por la noche: yo había dejado mi toalla de la ducha en el balcón y cuando fui corriendo a recogerla estaba en el suelo, mojada y sucia. Yo no me quería llevar la toalla de esta manera, así que cogí una que había en el apartamento y deje la mía allí. Mis amigas me empezaron a llamar ladrona y cosas varias y me hicieron sentir mal porque la dueña del apartamento nos podía quitar 40 euros de fianza. Pero, vuelvo a repetir, yo no me iba a llevar la toalla mojada y sucia.

Abandonamos el apartamento con tal de disfrutar nuestro último día en Budapest. Primeramente, dejamos las mochilas en las taquillas de la estación con tal de no acarrearlas todo el día y fuimos a pasear por la ciudad: visitamos Plaza de los Héroes, caminamos por la Avenida Andrassi, por Vatci Utca, etc. Comimos en un Mc Donalds, compramos la merienda en un supermercado y, después de recoger las mochilas, tomamos el tren rumbo a Florencia.

Al subirnos al convoy vimos que estaba a petar y  como en éste no habíamos reservado asiento debíamos estar dos o tres horas de pie. Al final, Elena y yo, nos metimos en un porta-maletas y Mara y Bet encontraron un asiento libre y se sentaron ahí las dos. Así pasamos el viaje.

Cuando pasaron las horas, llegamos a Viena, compramos la cena en el supermercado de la estación, salimos al exterior para ver la calle de Viena y cuando fue la hora, nos subimos a otro tren, que este ya era directo a Florencia. En éste habíamos reservado asientos en un compartimento y nos sorprendió que estos fueran reclinables porque así pudimos hacer como una especie de cama gigante donde nos tumbamos las 4. Compartimos el compartimento (valga la redundancia) con una pareja alemana que no tuvo ningún reparo en estirarse junto a nosotras y quitarse los zapatos (dato importante). Se pasaron toda la noche quejándose de nuestra presencia y discutiendo entre ellos. Por suerte, se bajaron en Bologna así que estuvimos un rato tranquilas hasta que llegamos a Florencia.

Las limpias y cómodas y estupendas camas del apartamento
Plaza de los Héroes
En Budapest, junto a Shakespeare

DÍA 13 FLORENCIA

Al llegar a Florencia nos fuimos al albergue (donde nos fijamos en una chica un poco peculiar) que estaba a media hora en bus, hicimos el check in, dejamos las maletas y volvimos para el centro: paseamos por las calles, visitamos la catedral del Duomo, paseamos por al lado del rio y vimos el puente Vecchio donde volvimos a encontrarnos con la chica peculiar del albergue.

Cuando empezamos a tener hambre buscamos una pizzería típica y con Wi-Fi (que eso siempre era importante) y nos comimos una pizza italiana, aunque no fue la mejor pizza, la verdad. Tras comer, Bet llevaba días quejándose de que le dolía el dedo y lo tenía super hinchado así que decidimos llevar a cabo una operación: compramos lo necesario en la farmacia y nos fuimos al albergue. Allí, cogimos una aguja, la desinfectamos y Elena fue la encargada de hacer de cirujana: petó la hinchazón de Bet y bueno, mejor no os digo lo que salió de ahí.

Antes de ducharnos nos dimos cuenta que no teníamos jabón así que aprovechamos y fuimos a un supermercado donde también compramos la merienda. Sin querer robé el jabón, mis amigas se empezaron a reír delante del guarda de seguridad y nos tuvimos que ir corriendo. Después de ducharnos, volvimos al centro y fuimos a un mirador super bonito donde se pueden apreciar todas las vistas de la ciudad y que estaba repleto de gente y nos volvimos a encontrar a la chica. Más tarde cenamos y volvimos al albergue.

Éste estaba situado en medio del bosque y debíamos caminar como 10 minutos por un camino de tierra hasta llegar al establecimiento. Estaba todo muy oscuro y nos cogió el miedo, pero más miedo tuvimos cuando vimos que la chica peculiar que nos habíamos encontrado durante todo el día volvía a estar detrás nuestro. Nos pusimos a correr (literalmente) y nos fuimos a dormir.

Llegada a Florencia
En el puente Vecchio
El dedo de Bet pidiendo auxilio

DÍA 14 FLORENCIA

En nuestro último día en Florencia, desayunamos en el albergue (el desayuno estaba incluido) hicimos el check out y dejamos las mochilas allí.  Cogimos el bus, llegamos al centro y nos fuimos para el Museo de los Uffizi donde pasamos ahí toda la mañana entre cuadros, esculturas, pero sobretodo, muchas risas. Al salir, comimos… a ver si adivináis el que: un Mc Donalds. Dimos una vueltita más, nos comimos un helado italiano, recogimos nuestras mochilas del albergue y nos fuimos para la estación.

Eran tres trenes para llegar a Niza. Cogimos el primer tren en Florencia, hasta que llegamos a una estación para hacer transbordo y allí cogimos el segundo tren cuando ya era de noche.  Antes de que el tren se pusiera en marcha, visualizamos como un señor que estaba en el anden se sacó su miembro y se acercó hasta la ventana donde estábamos nosotras. El tren empezó a acelerar y el señor comenzó a correr al lado de la ventana. Situación graciosa a la vez que espantosa.

Finalmente, nos bajamos en Genova sobre las 3 de la mañana y hasta las 5 no salía nuestro tren. Al igual que nos había pasado en Bruselas, nos echaron de la estación  puesto que por la noche se cerraba y estuvimos dos horas, muertas de frío, sentadas en unas escaleras frente a la estación. Cuando llegó la hora, cogimos un tren  donde hacía muchísimo frío y tuvimos que ponernos todas las capas que llevábamos en la mochila poniendo rumbo a Niza.

Uno de los mejores helados de mi vida
Nos encantan los museos

DÍA 15 NIZA

Después de unas horitas en el frío del tren, sobre las 9 o así de la mañana llegamos a Niza: antes de nada, desayunamos en una cafetería cercana a la estación puesto que llevábamos horas sin probar bocado y ya con el estómago lleno nos fuimos para la playa: tomamos el sol, nos bañamos, nos clavamos las piedras en los pies… y entre unas cosas y otras, nos dio un arrebato y decidimos que en vez de pasar todo el día allí e ir para Barcelona a la madrugada, cogeríamos un tren para Barcelona esa misma tarde con tal de llegar por la noche casa; estamos muy cansadas y no queríamos dormir en un tren otra vez.

Con ese propósito, miramos los horarios y nos dimos cuenta que si nos apresurábamos a las 23 h ya estaríamos en la ciudad condal. Recogimos el chiringuito de la playa,  nos cambiamos en los lavabos de la estación y nos embarcamos: primero en un tren, después en otro hasta que llegamos a Marsella. Ya en Marsella debíamos esperar media hora hasta el próximo tren: este nos llevaría a Nimes y de Nimes cogeríamos un tren directo hasta “Sants-Estació”.

En este tiempo de espera, nos enteramos que con el billete del Interrail no podíamos acceder a España ya que si venía un revisor nos podía multar. En un principio pensamos en arriesgarnos pero cuando nos dijeron que los billetes costaban 15 euros decidimos no jugárnosla y los compramos. Después de esto, comimos en el Mc donalds de la estación y nos dimos cuenta que las hamburguesas de un euro en Francia las hacen con una salsa diferente (habíamos catado tantas que nuestro paladar ya estaba acostumbrado).

A la hora, nos fuimos para el andén y el tren se retrasó más de diez minutos. Cuando por fin nos subimos en él nos dimos cuenta que no íbamos a llegar a tiempo a Nimes gracias al retraso del convoy y si no ocurría un milagro perderíamos el tren hacia Barcelona. Estuvimos ralladas todo el trayecto y cuando llegamos a Nimes, efectivamente, se nos había escapado el  transporte que nos llevaría a casa.

Con ese panorama nos rallamos el triple: estábamos en Nimes (ciudad desconocida para nosotras), nuestros padres no lo sabían (no teníamos Internet) y no teníamos donde dormir. Decidimos ejercer nuestro derecho como viajeras y fuimos a hablar con la empresa de trenes reclamando que el tren había llegado con retraso y como consecuencia habíamos perdido un tren que ya habíamos pagado el billete (el que con suerte, compramos en Marsella).

Después de llegar a un acuerdo, nos dijeron ( a nosotras y a otros pasajeros) que teníamos que ir a Perpignan y allí nos pagarían un hotel para poder coger un convoy la mañana siguiente. Ante esto, no tuvimos otra alternativa que coger de nuevo otro tren e ir a Perpignan. Llegamos allí sobre las 22 horas y cuando salimos al exterior en busca del establecimiento hotelero, nos encontramos un taxista en la puerta que nos estaba esperando, el cual nos explicó que nos llevaría a Barcelona esa misma noche a cargo de la empresa de trenes franceses. Sin dudar, cogimos el taxi y en dos horas llegamos a la nuestra ciudad favorita del mundo. Cansadas pero muy felices, nuestro viaje se había acabado.

El frío del tren parte I
El frío del tren parte II
En la playa de Niza
Maldiciendo Nimes

           LLEGADA A BARCELONA DESPUÉS DE MÁS DE 12 HORAS DE VIAJE EN TREN

Y hasta aquí puedo contar… no cabe duda que me habré dejado miles de cosas por explicar, detalles aparentemente insignificantes pero que hicieron nuestra aventura más que divertida.

Espero que principalmente os haya transmitido la idea, la esencia, el sentimiento que se vive al viajar “despreocupadamente”, superando todos los imprevistos que se interponen en el camino, conociendo lo desconocido y dándote cuenta de lo mucho que hay por vivir… pero, sobretodo, quiero acabar estos posts de la misma manera que los empecé: para mi lo más grande de todo esto fue poder compartirlo con mis amigas, porque ellas son la verdadera razón por la que cada vez que recuerdo la experiencia no puedo evitar dejar de sonreír.

¡Espero y deseo que os animéis y que mis consejos valgan para mucho!

En la próxima entrada hablaré de mis vacaciones, que por suerte ya empiezan el próximo domingo 🙂

Muchas gracias a todos,

Paula

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