INTERRAIL: BRUSELAS, BRUJAS, AMSTERDAM

Buenos días viajeros y viajeras!

Tal y como prometí en el primer post, hoy toca hablar de la segunda parte del Interrail.  Tras la planificación, hoy os explicaré detalladamente los 5 primeros días.

Antes de leerlo, os dejo aquí el enlace del vídeo que realizamos, para que os impregnéis de la esencia y nos conozcáis un poco más:

¡Y ahora… empecemos!

Día 1 BARCELONA-BRUSELAS:

 

El día 4 de agosto de 2015 salimos des del aeropuerto de Barcelona sobre las 9 de la mañana y llegamos a Bruselas sobre las 11. Previamente, habíamos planificado que solo estaríamos un día y medio en Bruselas puesto que nos habían dicho que era muy pequeño y no queríamos perder el tiempo, así que debíamos aprovechar el día lo máximo. Al llegar al aeropuerto de la capital belga cogimos un tren que nos dirigió hasta el centro de la ciudad (compramos los billetes puesto que todavía no queríamos picar el Pase del Interrail).

Antes de embarcar

Al llegar al centro de Bruselas cogimos un mapa para poder llegar a nuestro albergue. Aún así nos perdimos. Realmente fue un poco frustrante puesto que llevábamos las mochilas en la espalda y parecía que llevásemos piedras. Mientras andábamos en círculos por la calle nos dieron a probar salchichas disecadas (como si te dieran a probar fuet). Al cabo de una hora ( no exagero) por fin llegamos a Meininger Brussels donde dejamos el equipaje y nos volvimos a ir puesto que no podíamos hacer el check in hasta después de comer. Mientras tanto, callejeamos y buscamos un buen sitio para comer que al final resultó ser una hamburguesería llamada QUICK (lo que viene siendo un Mc Donalds pero otra versión ) donde además tuvimos nuestro primer enfrentamiento con una mujer que no quería hacer la cola.

 

Primera comida (casi siempre fueron igual de sanas)

Comimos y tras hacer el check-in, estuvimos descansando en la habitación. Más tarde fuimos a visitar la Grand Place, el Manneken Pis (el meón colocado en una esquina de la calle) y nos tomamos un gofre típico de la ciudad.

Junto al mejor gofre que he probado en mi vida

Más tarde paseamos por un parque y visitamos el parlamento europeo. Por la noche decidimos hacer una cena en la habitación del albergue así que compramos cerveza típica Belga y pan y embutido para hacer bocadillos (mientras comprábamos en el supermercado sonaba El Perdón de Nicky Jam, nada más que decir). Cabe decir que la cerveza sabía a oliva recién exprimida así que la abrimos, la catamos y la tiramos a la basura.

Día 2 BRUSELAS-BRUJAS:

Nos despertamos tempranito para poder ir a ver el popular Atonium y nos hicimos unos bocadillos para comer. Decidimos coger el metro para llegar hasta allí y podemos corroborar que el metro de Bruselas solo lo pueden utilizar los habitantes de Bruselas: esto se debe a la dificultad del transporte público, que os parecerá que lo digo en broma, pero no. Entre tantas lineas, paradas y poca señalización nos hicimos un lío y no sabíamos muy bien para donde ir aunque al final tuvimos suerte y acertamos.

Visitamos el Atonium por fuera (no entramos ya que la entrada valía como 20 euros) y tras estar un rato charlando frente al monumento decidimos volver para el hotel y hacer el check-out. Esta vez si que nos perdimos en el metro: nos bajamos en una parada que no era y fuimos a parar al barrio “moro” de bruselas (sí, ese que ha salido tanto en las noticias donde se encontraban numerosos yihadistas), estuvimos un rato perdidas por allí, bastante asustadas, hasta que, no se muy bien como, aparecimos en la puerta de nuestro albergue.

Acto seguido, cogimos las mochilas y pusimos rumbo a Brujas. Al llegar a Brujas dejamos las mochilas en las taquillas de la estación   (cosa muy recomendable para no tener que cargarlas todo el día por 5€), paseamos un rato por las calles y decidimos cenar en condiciones en un bonito lugar donde además la comida estaba riquísima.

Plaza central de Brujas
La cena más rica del Interrail

 Brujas es muy bonito pero tampoco hay mucho que hacer: con medio día es más que suficiente. Nuestra idea era estar en Brujas hasta las 5 de la mañana, ya que a esa hora salía el tren que nos llevaría a Amsterdam. Al llegar a la estación de Brujas después de cenar (sobre las 23:00), hablamos con unos revisores y nos explicaron que el pase del Interrail se tenía que validar en las ventanillas de información; de lo contrario, si lo hacías en el mismo tren se debe pagar un suplemento de 50€.

Nos enfadamos mucho al saber ésto puesto que en ningún lugar habíamos leído dicha información: además las ventanillas cerraban a las 21:00 horas y abrían a las 6:00 así que no podríamos validar los pases. De repente se me ocurrió una idea: podíamos ir a Bruselas y coger el tren de Amsterdam desde allí ya que el tren salía a las 6:15 y de esta manera nos daría tiempo a validar los pases. Y así fue como lo hicimos: volvimos a Bruselas, llegamos sobre las 00:00 y nos tumbamos en los asientos de la estación para poder esperar 6 horas al siguiente tren.

Durante el Interrail mis amigas descubrieron que tengo un don para dormirme en cualquier lado (yo también lo descubrí) así que enseguida me quedé dormida en esos asientos de hierro. Ni que decir tiene que estábamos rodeadas de vagabundos y gente un poco extraña (es más, Elena pilló a un señor metiendo la mano en el bolso de una señora y la muy valiente le riñó).

Sobre las 2:00 de la madrugada vino un guardia de seguridad y nos dijo que la estación estaría cerrada de 2 a 5 horas. Sí, señores y señoras, tres horas en las calle, de noche, con las mochilas, en una ciudad desconocida. Justo delante de la estación había un pequeño parque donde nos quedamos sentadas las próximas 3 horas hablando, jugando y leyendo. En un momento de esas tres horas Bet y yo teníamos pis así que decidimos ser unas incívicas y hacer pipí en la calle. Debían ser sobre las 4 de la madrugada y mientras Bet meaba una señora abrió la ventana para verle todo el culo a mi amiga. Momento de risa máxima corriendo por la calle.

Finalmente, abrieron la estación, esperamos una hora, validamos nuestros pases y nos subimos en el tren rumbo Amsterdam, donde el aire acondicionado estaba averiado y hacía más frío de lo normal: llegamos sobre las 8 horas a nuestro destino, completamente congeladas.

Día 3 AMSTERDAM

Al llegar a Amsterdam, sin haber apenas dormido, desayunamos en una cafetería (donde ya nos pegaron el primer sablazo) y acto seguido hicimos el Check-in en el albergue. Justo al lado de este encontramos una tienda de alquiler de bicicletas así que las cogimos allí mismo y dimos la primera vuelta por Amsterdam sobre ruedas, recorriendo los canales y las bonitas calles de la pintoresca ciudad.

Después de comer creo recordar que descansamos en la habitación y por la tarde, tras dar otro paseito, nos envalentonamos y probamos “una de las cosas típicas” de Amsterdam sentadas tranquilamente en Vondelpark (guiño, guiño). Después de ésto y algunas anécdotas divertidas que quedan en el recuerdo, nos despachamos temprano a la habitación. Esa noche nos fuimos a dormir las 4 solas aunque la habitación fuera de 6 pero al despertarnos al día siguiente nos dimos cuenta que había dos inquilinas más lo cual nos perturbó y con tal de conocerlas, exploramos su equipaje (no encontramos nada raro así que nos quedamos tranquilas).

 

Muy “felices” en Vondelpark
Habitación de 6 personas en el albergue de Amsterdam

Día 4 AMSTERDAM

Tras reponer fuerzas, la mañana del segundo día la empleamos en visitar la Casa de Anna Frank. La verdad es que es una visita que si vas a Amsterdam no te puedes perder; eso sí, si lo planeáis con antelación intentad reservar las entradas a través de la página web ya que tuvimos que hacer una hora y media de cola para poder entrar. Tras visitar la casa,y llorar como una magdalena, comimos un “WOK TO GO” sentadas al lado de un canal. Dimos un paseo por el Barrio Rojo y cogimos un patinete de los que van por los canales. Debo resaltar que si el patinete lo alquilamos durante 1 hora, 45 minutos estuvimos paradas en medio de un canal porque las señoritas querían fotos posturetas (no va en broma).

La verdad es que era bastante difícil pedalear por el canal, debías hacer mucha fuerza y con el tráfico que hay en los canales se nos hacía un poco complicado ( nos metíamos en contra dirección, no sabíamos girar, etc), pero la verdad es que pasamos un buen rato. Cuando “desembarcamos” fuimos para la Damm Platz donde descubrimos un centro comercial con los lavabos más limpios de toda Amsterdam, mucho más limpios que los del albergue. Ni que decir tiene que al día siguiente volvimos expresamente al centro comercial para hacer nuestra necesidades rodeadas de ambientador y limpieza.

 

Una de las mil fotos que nos hicimos en el canal
Una de las muchas calles bonitas de Amsterdam

Día 5 AMSTERDAM- KOOG ZAANDIJK- BERLÍN

En nuestro tercer día en Amsterdam, como ya lo habíamos visto todo, fuimos a visitar un pueblo llamado KOOG ZAANDIJK el cual está situado a unos 15 minutos en tren.

Puesto que íbamos a utilizar el pase Interrail ese mismo día para ir a Berlín, pudimos utilizarlo también para desplazarnos hacia el pueblecito. Realmente, a quienes vayan a la “Venecia del norte” (así es como se le llama a Amsterdam) recomiendo que, si tenéis un día libre, os acerquéis a visitar este lugar que parece sacado de un cuento. Allí os encontraréis con casitas, molinos y mucha vegetación; no hay mucho que hacer, simplemente pasear y disfrutar del paisaje.  Antes de embarcarnos en el tren para ir a Kood Zaandijk dejamos las mochilas en la taquilla de la estación para poder ir más cómodas; en esta ocasión el precio de la taquilla era mucho más caro que el de Brujas,  nos costó unos 15 euros. Sí, se lo que estáis pensando, 15 euros en una taquilla duele en el alma y más cuando te quedan 10 días de viaje y no tienes apenas dinero. ¿Y si os digo que una de mis amigas se dejó el pase del Interrail dentro de la taquilla?  Sí, efectivamente, tuvimos que volver a abrir la taquilla cuando se dio cuenta y volver a cerrarla dejándonos en total 30 euros en guardar las cosas. Fin de la anécdota.

Llegamos al pueblecito sobre las 11 de la mañana: paseamos por los jardines, tomamos muchas fotos, comimos un sándwich que nos habíamos hecho con la comida del desayuno del albergue (argúcia typical spanish) y después nos tumbamos a hacer la siesta bajo la sombra de los árboles mientras, a nuestro lado, un grupo de chicas estaba haciendo chocolate a mano (todo muy idílico). Por la tarde volvimos a Amsterdam, compramos la cena para el viaje a Berlín ( una ensalada cada una porque ya estábamos hartas de Mc Donalds), fuimos a los lavabos del centro comercial y cuando llegó la hora nos subimos en el primer tren para ir hacía Berlín. La noche era joven, debíamos hacer 4 transbordos hasta llegar a nuestro próximo destino.

 

Paisaje en Koog Zaandijk
Koog Zaandijk
Cansadas pero felices nos íbamos para Berlín


Continuará…

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