INTERRAIL: BERLÍN Y PRAGA

¡Buenas viajeros y viajeras!

Tras la primera entrega (que espero que os gustara), aquí vienen unos cuantos días más de aventuras…

La madrugada del día 6 – AMSTERDAM-BERLÍN

 La madrugada del día 6 prometía. Íbamos rumbo a Berlín, y debíamos de coger 4 trenes diferentes para llegar hasta allí. Salimos de Amsterdam sobre las 20.00 h y nos plantaríamos en Berlín Hauptbanhof sobre las 9 h. Sin duda iba a ser una noche intensa.

Cenamos en el tren unas ensaladas que habíamos comprado en Amsterdam e intentamos distraernos con aquello que podíamos: escuchando música, leyendo, durmiendo, jugando a cartas, etc. Y así pasamos los 2 primeros trenes hasta que, por fin, llegamos al penúltimo transbordo que debíamos hacer. Creo recordar que eran 2 horas de transbordo así que al llegar a la estación nos sentamos en el andén, rendidas y si me permitís, hasta los cojones. Debían ser las 3 o las 4 de la madrugada y, de pronto, se nos acercó un chico. Empezamos a charlar con él, era de Los Ángeles y llevaba 1 mes y pico viajando solo. Jared, que así se llamaba, decidió acompañarnos durante las dos horas de transbordo y así fue como conocimos, también, a dos chicas y un chico de Cervera (Lleida). Por suerte, esas dos horitas de espera se hicieron amenas junto a nuestros compañeros interraileros.

Cuando llegó la hora nos despedimos de los catalanes (puesto que ellos iban para otro lado) y nos subimos, junto a Jared, al penúltimo tren de la noche. Para este convoy habíamos reservado asientos pero al llegar allí nos dimos cuenta que era un caos total: todos los vagones estaban a petar e incluso había gente de pie. Con el sueño que teníamos y el agotamiento hicimos lo que todo mochilero por excelencia acaba haciendo alguna vez: dormir en suelo. Os podéis imaginar el panorama: los cinco tumbados en el pasillo apoyados en las mochilas durmiendo incómodamente en un suelo sucio y cochambroso y con viajeros que pasaban sus maletas por encima de nuestras cabezas sin ningún remordimiento.

Realmente de mucho no me acuerdo del trayecto pues dormí como un tronco. De lo único que me acuerdo es del chillido con el que nos despertó Bet: ella, como no había conseguido conciliar el sueño, se había ido a otro vagón a mirar por la ventana y justo se dio cuenta que habíamos llegado a la estación. Pasó todo muy deprisa: solo se que Bet chilló ” ¡¡¡¡¡nuestra estación, Hamburgo Hamburgo!!!!”y yo ya estaba de pie, con la mochila a cuestas corriendo hacia la puerta ( la cual estaba bloqueada y tuve que utilizar mi fuerza bruta para abrirla).

Jared nos siguió a las 4 hasta el andén pero no estaba convecido de que nos tuviéramos que bajar allí (ya que él también iba a Berlín). Entre las 4 le explicamos que habíamos mirado los horarios y que teníamos que bajarnos en Hamburgo y le enseñamos el cartel de la estación: Hamburg-Hamburg. Aún así no le convencimos así que nos despedimos de él y se marchó con el tren. Ya en la estación miramos los horarios y nos dimos cuenta que, efectivamente, nos habíamos equivocado. Nos teníamos que bajar en Hamburg no en Hamburg-Hamburg. Maldecimos no haberle hecho caso a Jared puesto que tenía más experiencia que nosotras en cuanto a trenes.

Gracias a nuestro error, tuvimos que coger dos trenes más de los previstos y al final tras unas cuantas horas de trayecto…llegamos a BERLÍN!

Besando a Berlín tras toda la noche de viaje

Día 6 BERLÍN

Tras una nochecita movidita, como os podéis imaginar, estábamos muertas. Al llegar a la capital alemana desayunamos en la misma estación y con la barriga llena nos dirigimos al albergue (que por cierto, estaba en la otra punta de la ciudad) y allí fue cuando, por primera vez, nos dimos cuenta que los alemanes tienen un carácter peculiar. El propietario del albergue se “enfadó” con nosotras porque llevábamos sacos de dormir y nos prohibió utilizarlos, cosa que me hizo mucha gracia. Él quería que pagásemos 11 euros más por la sábanas, pero ya le dejamos claro que las sábanas las iba a pagar el tato. Sacamos los sacos en cuanto llegamos a la habitación, somos unas rebeldes.

Recién llegadas a Berlín frente al Reichtag

Después de instalarnos fuimos hacia el centro ya que teníamos concertado un Free-tour para poder conocer un poco mejor la ciudad. Nosotras no teníamos mucho dinero para derrochar y solo empezar el FREE (free de gratis, sí) TOUR el guía nos dijo que la gente solía pagar por el tour unos 10/15 euros por persona. Eso ya fue un punto negativo para el señor puesto que no nos íbamos a gastar en un tour todo el presupuesto que teníamos para todo un día (sí, más o menos teníamos propuesto gastarnos unos 20 euros al día por persona en comidas, entradas, etc éramos muy pobres). Otro punto negativo era el sueño que teníamos.

Yo no se hasta que punto estaban de cansadas las otras, solo se que hubo un momento en que nos sentamos, me puse las gafas de sol y yo creo que hasta soñé. No me enteré de nada. Pero lo mejor estaba por llegar. Al llevar una hora de tour, el guía nos acompañó hasta un Starbucks para poder tomar algo e ir al baño. Allí, Bet perdió el móvil. Imaginaros el sofoco de mi pobre amiga, en el sexto día del interrail, sin whatsapp, sin instagram, sin nada de nada. Aunque fue una putada máxima, tuvimos una excusa para abandonar a nuestro grupo del tour y no pagamos nada: desaparecimos sin más. Nos fuimos a la comisaría de Berlín (quien lo iba a decir) para denunciar el robo. Al acabar fuimos a cenar un frankfurt a un sitio cercano de Alexander Platz y allí nos volvimos a dar cuenta de lo simpáticos que son los alemanes pues el camarero nos quería timar con la cuenta.

Tras este maravilloso día de idas y venidas, nos fuimos a dormir más pronto que nunca.

Día 7 BERLÍN

El segundo día, ya descansadas, nos despertamos, desayunamos en el mismo albergue y, aprovechando que la habitación era muy amplia, hicimos la colada. Bet había traído jabón para lavar la ropa así que no perdimos el tiempo en ir a una lavandería y limpiamos nuestra ropa interior y algunas camisetas en la pica del baño. Después con un tendedero improvisado colgamos toda nuestra ropa por el habitáculo. Realmente era un escenario muy divertido sobretodo porque la ropa goteaba, el suelo estaba empapado, caminabas y te tropezabas con unos calcetines o te girabas y te chocabas con unas braguitas. Todo muy normal.

Haciendo la colada

Al acabar con la ropa, nos fuimos para el centro de Berlín dispuestas a recorrernos las calles que el día anterior habíamos pisado sin mucho afán.

Yendo hacía allí, tuvimos un pequeño percance puesto que Mara se subió a un tren equivocado y las puertas se cerraron antes de que se pudiera bajar o las demás nos pudiéramos subir. Ya os podéis imaginar la cara de la pobre criatura picando al cristal mientras se alejaba el tren y nosotras tres nos quedábamos en el andén. Por suerte (y entre risas) nos reencontramos unas paradas más tarde.

Tras el divertido incidente, fuimos al monumento al Holocausto y pasamos allí, por lo menos, dos horas haciéndonos una extensa sesión de fotos. Tras darnos cuenta que había llegado la hora de comer quisimos entrar en un “Bier garten” donde disfrutamos de una cerveza deliciosa y refrescante en una terraza típica alemana. Después de ello, fuimos a comernos un durum (que son de procedencia alemana) en un lugar donde hasta la mismísima Angela Merkel (había una foto en la pared) había comido. Cuando acabamos de comer paseamos un rato más por el centro: Checkpoint Charlie, Alexander Platz, Potsdamer Platz.

Fotos en el monumento al Holocausto
Descanso en el Bier Garten
Disfrutando de un auténtico durum

A media tarde nos fuimos hacia el albergue para descansar puesto que las temperaturas en Alemania llegaron a alcanzar los 35ºC en aquellas fechas. Tras una horita en la habitación salimos a admirar el muro de Berlín y nos sentamos a la orilla del río a disfrutar del atardecer. Cenamos en el Mc Donalds más cercano y nos volvimos al albergue. Sí, lo sabemos, fuimos unas aburridas en Berlín pero estábamos muy muy cansadas.

Muro de Berlín
Atardecer en el río

Día 8 BERLÍN- PRAGA

Este día era el último en Berlín puesto que por la tarde cogíamos un tren hacía Praga. Como ya teníamos la capital más o menos vista decidimos dedicar la mañana a ir al campo de concentración de Oranienburg, situado a unos 20 minutos en tren. Allí tuvimos una grata sorpresa cuando nos encontramos al guía del tour del primer día de Berlín junto a algunas de las personas con las que estuvimos en el tour, el cual abandonamos  tras la pérdida del móvil de Bet sin pagar.

Deberíais habernos visto a las cuatro huyendo y escondiéndonos por donde podíamos (sí, somos así de tontas, pero nos daba mucha vergüenza). Al final los perdimos de vista y seguimos “disfrutando” de nuestra visita (lo pongo entre comillas porque un campo de concentración es imposible de disfrutar). Cuando llegó la hora de comer decidimos que debíamos volver para Berlín y con toda la mala suerte nos volvimos a encontrar al guía con el grupo en el tren de vuelta. Al final nos descubrieron.

Campo de concentración
Esperando al tren de Oranienburg

Cuando llegamos a Berlín recogimos nuestras cosas e hicimos el check-out. Desgraciadamente, la ropa que habíamos lavado el día anterior todavía no se había secado así que tuvimos que hacer un apaño interrailero y nos fuimos para Berlin Hauptbahnof. Allí Bet y Elena embozaron los lavabos del Mc Donalds pues llevábamos días comiendo guarrerías y por algún lado tenía que salir (además debías pagar por entrar al lavabo así que no nos dio ninguna pena).

También comimos en la estación e hicimos tiempo hasta que llegó nuestro tren. Creo recordar que solo eran 4 horas de trayecto, con tren directo. Dormimos y descansamos en el convoy hasta llegar a Praga sobre las 9 de la noche. Ya en la República Checa nos dirigimos hacía nuestro albergue donde habíamos cogido una habitación de 14 personas.

Al llegar al habitáculo vimos que éramos las únicas chicas excepto Mary, una estadounidense que viajaba sola y tenía demasiadas ganas de hablar; los demás eran ingleses un poco raros. Después de instalarnos dimos una vuelta por el alrededor del hostal, cenamos y nos fuimos a dormir.

Apaños interraileros para que se sequen los calcetines

Día 9- PRAGA

Al despertarnos nos sorprendió ver que ya no teníamos compañeros de habitación puesto que éstos habían abandonado ya el hotel. Contentas por descubrir una nueva ciudad, cogimos el desayuno en el badulaque de enfrente del albergue y nos fuimos para el centro de Praga. Visitamos el casco antiguo, la famosa plaza del reloj y el castillo de praga. Comimos en un sitio cercano al castillo donde Bet se pidió una ensalada Capresse sin saber que el ingrediente principal de ésta es el tomate, el cual odiaba. Y lo digo en pasado porque desde ese momento le gusta el tomate.  Más tarde fuimos a tomar algo a una cafetería que nos habían recomendado, que era preciosa sí, que nos metieron un sablazo, también.

Bet comiendo tomate y Elena aplaundiéndole
Haciendo el tonto en el castillo Parte I
Haciendo el tonto en el castillo Parte II
Junto al reloj más famoso de la ciudad
Cafetería super chula pero no apta para nuestro presupuesto

Por la tarde, cuando volvimos al albergue para ducharnos y relajarnos un rato descubrimos que teníamos nuevos compañeros de habitación pero esta vez estuvimos contentas de saber que los nuevos huéspedes eran asturianos. Así pues conocimos a Manuel, Yago, Juan, German y Jose con los que, siguiendo las tradiciones españolas, hicimos un botellón por la noche en la habitación para después irnos juntos a una de las discotecas más conocidas de Praga: “Karlovy Lazne”.

Después de beber, pusimos rumbo los 9 hacia la discoteca a la cual debíamos llegar en tranvía: a esas horas no estaban abiertas las taquillas para comprar los billetes así que decidimos colarnos en el transporte público puesto que lo llevábamos haciendo durante todo el Interrail y todavía no habíamos tenido ningún disgusto.

Mientras estábamos de cachondeo dentro del tranvía, subió un revisor, nos pilló y nos hizo bajar. Nos llevó hasta el metro donde nos esperaba la policía para ponernos una multa de 300 coronas checas (suena muy espectacular pero en realidad “solo” fueron 30 euros). Ni que decir tiene que los 9 españoles algo borrachillos empezamos a discutir como pudimos con la policía y con el revisor para intentar explicarles que a esas horas las taquillas no estaban abiertas y no habíamos podido comprar los billetes.

En medio de la discusión alguno de nosotros descubrió como un policía nos estaba grabando con su teléfono móvil y entonces sí que se lió parda… le pedimos el número de placa, le dijimos que le íbamos a denunciar, etc. Finalmente, nos acabaron pusiendo la multa, tuvimos que pagar y prometimos que la mañana siguiente iríamos todos juntos a la embajada española a denunciar al policía. Tras esto, continuamos “contentos” hasta la discoteca aunque perdimos a los chicos asturianos por el camino. Después de unas horas dentro de Karlovy Lazne donde se escucharon temas como “El Taxi” los cuales nos motivaron mucho, volvimos al albergue donde encontramos a los asturianos que ya llevaban un buen rato durmiendo.

Al día siguiente, nadie tenía fuerza suficiente para ir a la embajada.

Día 10 PRAGA

 

Nos despertamos algo tarde a causa de la noche pasada y, tras hacer el Check-out y dejar las mochilas en las taquillas de la estación de Praga, fuimos a dar otra vuelta por el centro de la ciudad.

Amargada contando las monedas para la taquilla

Después de comer hacía muchísima calor y era insoportable estar en la calle así que, cuando nos topamos con un centro comercial no dudamos en entrar. Fuimos a la sección de moda de mujer , nos tumbamos en los sofás y allí nos quedamos por lo menos una hora echándonos la siesta. Cuando vimos que los empleados ya nos tenían fichadas volvimos al calor infernal de la calle.

Fuimos caminando desde la Plaza Wenceslao hasta la Plaza de la Ciudad Vieja y allí nos volvimos a sentar: estuvimos dos horas disfrutando de la música de los artistas callejeros. Cuando nos cansamos decimos ir a dar una vuelta por los alrededores ya que se escuchaba música de lejos y cuando llegamos a la pequeña isla situada en el río Moldava de donde provenía la melodía nos encontramos en una fiesta gay y allí nos quedamos un rato disfrutando de la celebración checa.

Tengo que resaltar que justo antes de llegar a la isla, cruzando el río, estuvimos un rato mojando a aquellos que pasaban en barca por debajo nuestro, pasatiempos divertidos, vamos.

Apalancadas en el centro comercial con aire acondicionado
Tirando agua por el puente

Más tarde cenamos en el McDonalds (¡qué sorpresa!) y cogimos el tren rumbo Budapest.

 

¡NO OS PERDÁIS EN LA PRÓXIMA PUBLICACIÓN EL DESENLACE DEL VIAJE!

¡¡¡¡HASTA PRONTO!!!

Paula

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